No vuelvo a dar dulces en Halloween (o el bien que se hace con el mal se paga)
Durante varios años viviendo solo en mi fraccionamiento evité dar dulces, así que los días de Halloween no prendía las luces de la casa y trataba de recluirme desde temprano en la recamara y ver la televisión o leer a media luz. No era sólo por no gastar que no daba dulces, no quería estar sólo haciendo esa actividad. Así que cuando en nuestro primer año de matrimonio mi esposa me sugirió dar dulces acepté de inmediato. De haber sabido lo que iba a pasar no lo habría hecho. Pero como en todo matrimonio uno trata de disfrutar las actividades con su pareja compramos una cantidad importante de dulces y conseguimos disfraces para la ocasión. El fraccionamiento en que vivo, es al parecer, uno de los mejores lugares para pedir dulces de mi ciudad. Desde que oscurece se llena un terreno baldío aledaño de automóviles de visitantes de otras colonias que llevan a sus niños a pedir dulces ahí. Así es de que desde que empezó a oscurecer estabamos listos con la decoración, que consistía en ...